Testimonio del Padre José Gabriel Vicchi, IVE

josevicchi¡¿Y para qué un sacerdote?!

Así cuestionan algunos…¡¿Y para qué un sacerdote?!
El sacerdote ocupa un lugar insustituíble en la Iglesia. Por eso el tema de las vocaciones sacerdotales no puede ser de mayor importancia. S. Alberto Hurtado años atrás enseñaba que al sacerdote confió Cristo la administración de sus sacramentos, que son en su Iglesia el medio por excelencia, y el camino ordinario de la efusión de la Gracia. El bautismo que lo incorpora al Cuerpo Místico, y que sólo en caso de grave necesidad puede ser conferido por laicos; la celebración de la Santa Misa, que es la renovación en nuestros altares del sacrificio de la Cruz, el acto más excelente que se realiza bajo los cielos, el acto que mayor gloria da al Padre, más que todos los trabajos apostólicos, los sacrificios, las oraciones… y este acto, el centro de la vida cristiana, sólo puede ser realizado por los sacerdotes; la Eucaristía, participación del santo Sacrificio, sólo las manos sacerdotales pueden distribuirla; la purificación de las almas manchadas por el pecado ha sido confiada al sacerdote; y no menos sólo él puede ungir los cuerpos con el óleo del perdón; bendecir el matrimonio; predicar con autoridad la palabra de Cristo.
Por eso en aquellos países en que el sacerdote católico ha desaparecido la Iglesia ha terminado por desaparecer… Pueden permanecer un tiempo aislados algunos católicos, pero la ausencia de la predicación, la infiltración de los errores, supersticiones, el auge de los vicios que se enseñorean, al sentirse debilitada el alma por la falta de los sacramentos, hace que al cabo de algunos años la Iglesia muera…Sin sacerdocio renacen los vicios, la embriaguez… El Cura de Ars decía: dejad durante veinte años a los fieles sin pastor y no faltará allí quien adore a las bestias y viva como ellas.
Es, pues, el problema de la vocación sacerdotal un problema cristiano en todo el sentido de la palabra. Sí, es un problema de todos los cristianos: problema de los padres que quieran dar educación cristiana a sus hijos; problema de los jóvenes que necesitan un guía en sus años difíciles, para que los dirija en sus crisis de adolescencia; problema de los pobres que han menester de un padre que se interese por sus necesidades; problema de los que aspiran a formar un hogar, que necesitarán guías de sus conciencias, directores espirituales; problema de los que no tienen fe, problema que ellos no echan de ver, pero por eso es aún más pavoroso, que necesitan de alguien que desinteresadamente les tienda la mano para que los saque del infierno al que se precipitan por sus pasiones; problema de los enfermos que buscarán en vano quien les aliente a entrar serenos en la eternidad, y quien consuele a sus parientes y amigos…
Por eso necesitamos sacerdotes, porque toda la vida cristiana está llena del sacerdote, y todos deberíamos interesarnos porque su número sea cada vez mayor.
Y pensar que, como enseña Fulton Sheen, probablemente hay cientos de miles de vocaciones colgando del cielo de cordones de seda, y la oración es la espada que los cortará. ¡¡¡Recemos!!!

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