Señor: Yo tengo un hijo que te ofrecí

Señor:
Yo tengo un hijo que te ofrecí
desde que abrió los ojos a las sorpresas de la vida.
Tú me dijiste que lo querías.
Yo no te pido que me lo devuelvas.
Te pido que si lo has llamado,
lo hagas digno instrumento de tus dones;
que sea tu sacerdote.

Señor:
que sus manos
– las pequeñas manos que acaricié en la cuna –
ungidas un día con el Óleo Santo,
se transformen en manos milagrosas
que den vida y salud a los enfermos
y a los muertos del alma.

Que los sufrimientos
y las buenas obras de toda nuestra familia,
por los méritos de tu Pasión y Muerte,
preparen el gran don de tu Sacerdocio
para mi hijo seminarista.

Señor:
es largo esperar varios años,
pero no me canso de pedirte:
¡Déjame estar cerca de él en su primera Misa!
Te hará bajar del cielo con la misma voz
con que lo oí decirme tantas veces: ¡Mamá!

Señor, pongo en tus manos, mi ofrenda:
a mi hijo.

Amén.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *