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San Juan Pablo II: ¡Salid al encuentro de Jesús Salvador!

MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II PARA LA XXXVII JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

“He escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros y habéis vencido al maligno” (1 Jn 2-14).

El misterio del amor de Dios” escondido desde los siglos y desde las generaciones” (Col 1,26) es ahora revelado a nosotros en la “palabra de la cruz” (1 Cor 1,18) que morando en vosotros, queridos jóvenes, será vuestra fuerza y vuestra luz y os descubrirá el misterio de la llamada personal. Conozco vuestras dudas y vuestras fatigas, os veo con cara de desaliento, comprendo el temor que os asalta ante el futuro. Pero tengo, también, en la mente y en el corazón la imagen festiva de tantos encuentros con vosotros en mis viajes apostólicos, durante los cuales he podido constatar la búsqueda sincera de la verdad y el amor que permanece en cada uno de vosotros.

El Señor Jesús ha plantado su tienda en medio de nosotros y desde esta su morada eucarística repite a cada hombre y a cada mujer: “Venid a mí , todos vosotros, que estáis cargados y oprimidos y yo os confortaré (Mt 11,28).

Queridos jóvenes, salid al encuentro de Jesús Salvador. Amadlo y adoradlo en la Eucaristía. Él está presente en la Santa Misa que hace sacramentalmente presente el Sacrificio de la Cruz. Él viene a nosotros en la Sagrada Comunión y permanece en los Sagrarios de nuestras Iglesias, porque es nuestro amigo, amigo de todos, particularmente de vosotros jóvenes, tan necesitados de confidencia y de amor. De Él podéis sacar el coraje para ser sus apóstoles en este particular paso histórico: el año 2000 será como vosotros jóvenes lo queráis y lo deseéis. Después de tanta violencia y opresión, el mundo tiene necesidad de “echar puentes” para unir y reconciliar; después de la cultura del hombre sin vocación, hacen falta hombres y mujeres que creen en la vida y la acogen como llamada que viene de lo Alto, de aquel Dios que porque ama, llama; después del clima de sospecha y de desconfianza, que corrompe las relaciones humanas, sólo jóvenes valientes, con mente y corazón abiertos a ideales altos y generosos podrán restituir belleza y verdad a la vida y a las relaciones humanas. Entonces este tiempo jubilar será para todos de verdad “año de gracia del Señor”, un Jubileo vocacional.