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San Juan Pablo II: “Necesitamos el testimonio de hombres y mujeres que muestren la fecundidad de una existencia que tiene su fuente en Dios”

MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II PARA LA XXXVIII JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

Hoy, sin embargo, esta lectura cristiana de la existencia debe hacer el balance de algunos comportamientos de la cultura occidental, en la que Dios es prácticamente marginado del vivir cotidiano. He aquí porqué es necesario un compromiso acorde de toda la comunidad cristiana para “reevangelizar la vida”. Conviene a esta fundamental obligación pastoral el testimonio de hombres y mujeres que muestren la fecundidad de una existencia que tiene en Dios su fuente, en la docilidad a la acción del Espíritu su fuerza, en la comunión con Cristo y con la Iglesia la garantía del sentido auténtico de la fatiga cotidiana. Conviene que en la Comunidad cristiana, cada uno descubra su personal vocación y responda con generosidad. Cada vida y vocación y todo creyente es invitado a cooperar en la edificación de la Iglesia. En la “Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, sin embargo, nuestra atención va dirigida especialmente a la necesidad y a la urgencia de los ministros ordenados y de las personas dispuestas a seguir a Cristo en su camino exigente de la vida consagrada con la profesión de los consejos evangélicos.

Hay urgencia de ministros ordenados que sean “garantía permanente de la presencia sacramental de Cristo Redentor en los diversos tiempos y lugares” (Christifideles laici, 55) y, con la predicación de la Palabra y la celebración de la Eucaristía y de los otros Sacramentos guíen a las Comunidades cristianas por los senderos de la vida eterna.

Hay necesidad de hombres y mujeres que con su testimonio mantengan “viva en los bautizados la conciencia de los valores fundamentales del Evangelio” y hagan “avivar continuamente en la conciencia del Pueblo de Dios la exigencia de responder con la santidad de la vida al amor de Dios derramado en los corazones por el Espíritu Santo, reflejando en su conducta la consagración sacramental obrada por Dios en el Bautismo, la Confirmación o el Orden (Vita consecrata, 33).

Que el Espíritu Santo pueda suscitar abundantes vocaciones de especial consagración, para que favorezca en el pueblo cristiano una adhesión siempre más generosa al Evangelio y haga más fácil a todos la comprensión del sentido de la existencia como transparencia de la belleza y de la santidad de Dios.