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Reflexión del padre Agustín Bollini, IVE

TENÍAN QUE SER MAMÁS LAS QUE ORGANIZAN ESTAS 40 HORAS!

Porqué pienso esto? Porque solo la mamá es aquella que siente a su hijo desde el momento mismo de la concepción. Y esa unión con ese corazoncito que comienza a palpitar y crece cada día, alimentándose con su sangre en cada contracción, manifiesta el Amor engendrado en su seno.

Cuánto más, cuando sus movimientos y pataditas confirman esa nueva vida en y por la suya mantenida, cuidada, querida. No puedo imaginar una unión mayor: ¡Generar vida! ¡Procrear desde los genes un ser, una creatura! ¡Milagro del Amor!

Por eso las mamás sienten de una manera única, toda la vida de sus hijos y desde el dolor del parto y la alegría del nacimiento la cuidan y la valoran, buscando el mayor bien para ellos. Y cuál mayor bien, que aquella elección que los lleva a consagrar su vida, al servicio del Sumo Bien!

Creo que una madre que ve subir al Altar y recibe el Pan de Vida de las manos ungidas del hijo de sus entrañas, debe sentir completada esa paz tan íntima, interior, del Amor realizado en ella: Cuerpo y Sangre para el mayor Bien de todo el mundo, a través de este ‘otro Cristo’ por la ‘entrañable Misericordia de nuestro Dios’.

Gracias Señor por estas mamás que lo difunden y promueven rezando agradecidas! y también por todas las mujeres que llevan en su alma ese amor maternal hacia los consagrados.

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