Saltar al contenido

¡Queridas madres, nunca dejen de rezar!

Hace muy poco, mi querida abuela falleció. Era madre de 6 hijos, que se casaron, abuela de 26 nietos, hasta ahora 5 casados y un sacerdote religioso, y 8 bisnietos. Después de más de 63 años de un matrimonio fuerte e radiante, ella se fue al cielo a la edad de 89 años y dejó a mi abuelo, quien la había cuidado durante muchos años.

Mi madre, su hija, me dijo varias veces lo increíble que era que nunca se quejara de nada de su sufrimiento, y que nunca fue infiel. Vivió muy profunda y concretamente desde y para la oración y los sacramentos. Su mayor gozo en la vida era vivir en Cristo y transmitir a Cristo a quienes la rodeaban.

Y era muy humana, un poco vanidosa, y en los muchos juegos familiares, a menudo “creativa” con las reglas por actitud competitiva. Pero también muy humana en el sentido más positivo, de escuchar, cuidar, reconciliar, servir. Y sobre todo, lo que nos hace más humanos, es lo que nos eleva en Cristo. Orar sin cesar… Recibir la misericordia de Dios en la Confesión… Ser absorbidos en la vida divina a través de la frecuente Comunión.

La madre de nuestra querida abuela rezaba mucho para que uno de sus hijos se convirtiera en sacerdote. Todos se casaron, y sus oraciones pasaron a la siguiente generación… Al final, un bisnieto (yo) y un nieto (primo de mi madre, un año después que yo) se hicieron sacerdotes. ¡Y quién sabe quién está por venir!

Es en el momento de la muerte cuando el sacrificio de amor se hace definitivo. Es tan reciente que toda nuestra familia se ha dado cuenta aún más profundamente de cuánto amaba a Dios, cuánto nos amaba a todos nosotros y a tantos otros.

Y a muchas personas se lo dije sin escrúpulos: ¡sus oraciones tienen una parte real en mi descubrimiento de mi vocación sacerdotal y también en mi perseverancia en la vocación! Me decía cada vez que me veía, que rezaban por mí todos los días en su Rosario diario. Mi madre me repetía que rezaban por mí todos los días.

¡Qué regalo para la Iglesia, para el mundo, es una madre, una abuela, una bisabuela que ora, una mujer amorosa y creyente!

Por favor, queridas madres, nunca cesen sus oraciones, ¡nunca!

Oren por el descanso de mi abuela Annemieke. Pero tal vez, después de su testimonio y tantas cosas más que podría contar, ¡podamos empezar a pedir su intercesión también! Varias personas ya han comenzado instintivamente a pedir su intercesión y ya se han dado algunas gracias especiales.

Orad, rezad, en y a través de los Santos Sacramentos, y nuestra querida Madre Iglesia, y nuestra querida Familia Religiosa serán bendecidas con abundantes vocaciones, ¡santas vocaciones!

¡Dios los bendiga a todos!

En Cristo y María,

Padre Johannes van Voorst IVE