Padre Segundo Llorente, misionero en Alaska

Este escrito del Padre Segundo Llorente, misionero en Alaska, nos anima en nuestra oración de las 40 horas!: En las conquistas espirituales del reino de Cristo los fusiles son las oraciones y las balas son los sacrificios. El soldado misionero tiene que disparar sin cesar, y si no le proveen de municiones, él solo bien pocas puede fabricar. Son las almas buenas de la retaguardia, esas almas que se afligen porque no son enviadas, las que con sus oraciones y sacrificios mantienen el frente. Presuponiendo que están en gracia, viven unidas a Cristo como los sarmientos a la vid y tienen parte activísima en la circulación de la sangre divina por todo el cuerpo místico. Injertadas en Cristo producen sazonados frutos de redención, conversión, santificación y salvación de innumerables almas; unas más y otras menos según el grado de unión que tengan con Cristo. Basta con que todo lo hagan por amor de Dios; y mientras más desinteresado y fino sea ese amor, más ricos serán los frutos espirituales que producen. El andar, comer, vestirse, dormir, peinarse y cortarse las uñas hecho todo por amor de Cristo y en unión íntima con Jesucristo produce t¡es frutos riquísimos que son: gloria a Dios, santificación personal, y conversión de almas apartadas de Dios. Para Dios no hay distancias. La trabazín y musculatura del cuerpo místico es un hecho invisible pero real y concreto y sin distancias apreciables a los ojos de Dios. Todas las inyecciones de savia divina que se apliquen en cualquier parte de ese cuerpo redundarán forzosamente en el incremento y bienestar de todo el cuerpo. Para salvar almas no es necesario que todos surquen los mares. Se salvan también desde una cocina o una clase en pleno Madrid, y sobre todo se pueden salvar a redadas desde una enfermería.

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