Oración al Sagrado Corazón de Jesús por los sacerdotes, Cardenal Mercier

Jesús, Pastor eterno de las almas, escucha la oración que te dirigimos por los sacerdotes. Hacia ellos sientes el amor más afectuoso y más delicado de tu Corazón ese amor profundo en que parecen reunirse todos los lazos íntimos que te unen a las almas.

Mira misericordiosamente a toda esa multitud de almas ignorantes, para las cuales el sacerdote ha de ser luz; a todos esos eslavos del trabajo, que buscan a alguien que los libre de los engaños y que los salve en tu nombre.

Piensa en todos esos niños, en todos esos jóvenes, que buscan un guía capaz de llevarles hasta ti.

Piensa, Señor, en tantas criaturas que sufren y tienen necesidad de un corazón que las consuele y que las lleve a tu Corazón.

Piensa en todas las almas que podrían llegar a la perfección, si encontrasen en su camino la ayuda de un sacerdote santo.

Haz que tus sacerdotes conduzcan hacia ti a toda esta Humanidad que sucumbe de debilidad, para que toda la tierra se renueve, sea exaltada la Iglesia, y el reino de tu divino Corazón quede establecido en la paz.

Oh Virgen Inmaculada Madre del sacerdote eterno, que tuviste a Juan, el sacerdote amado de Jesús, como primer hijo adoptivo, y que, en el cenáculo presidiste como Reina la reunión de los Apóstoles, alcanza a la Iglesia de tu Hijo un continuo Pentecostés, incesantemente renovado. Así sea.

Oración: Corazón de Jesús, que instituiste el sacerdocio católico en la noche de la cena, como la expresión y fruto de tu inmenso y suave amor; dígnate damos sacerdotes amantes como Tú, de las almas, de los pobres, de la Cruz; sacerdotes que a ejemplo tuyo, vayan haciendo el bien por donde pasen, y sembrando entre los hombres la paz y el perdón de los pecados.

Corazón amante de Jesús, dígnate escuchar la ferviente oración con que pide tu pueblo la santificación de sus pastores. Corazón pleno de amor, enséñalos a amarte como deseas; hazlos santos, inmaculados, prudentes, sabios. Haz que se hagan todo a todos conforme a tu ejemplo.

Ellos son los guardianes de tu sagrado Cuerpo y Sangre; hazlos, por tanto, fieles a tan santo encargo; infúndeles la reverencia debida a tu Cuerpo, y una sed ardiente de tu Sangre, para que, gustando su dulzura, puedan satisfacerse, fortalecerse y purificarse en el fuego del amor divino.

Acoge, Señor Jesús, nuestras humildes súplicas; mira con tus divinos ojos desde el cielo a tus sacerdotes; llénalos de celo ardiente por la conversión de los pecadores; guarda sin manchas esas manos ungidas que tocan diariamente tu inmaculado Cuerpo; sella con santidad esos labios teñidos con tu preciosa Sangre; conserva puro y sobrehumano ese corazón marcado con la gloriosa señal de tu sublime sacerdocio; bendice sus trabajos con abundantes frutos, y haz que todos aquellos por quienes trabajan en la tierra, sean un día su gozo y su corona en el cielo.

Corazón Eucarístico de Jesús, modelo de los corazones sacerdotales, ¡concédenos sacerdotes santos!

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