Oh Dulcísima Madre nuestra

Oh Dulcísima Madre nuestra, tienes en tus manos todas las gracias que Dios quiere derramar sobre el mundo.
Nosotras, tus hijas de las 40 horas te las queremos pedir para tus hijos Consagrados, Tú los amas con un amor especial, pues Dios quiere por medio de ellos extender el Reino de su Amor, Mira Madre nuestra todos los peligros que los acechan y protégelos, usa nuestras pobres oraciones y nuestros pobres sacrificios para establecer en torno a cada uno una multitud de ángeles que los ayuden y enciéndelos en la Caridad más ardiente, para que olvidados de todo lo que no sea la Gloria de Dios, se lancen a convertir al mundo con la alegría de los verdaderos hijos de Dios, que sean fieles a la Verdad, que imiten las virtudes de tu Hijo, que acepten todas las cruces que la edificación de la Iglesia y la salvación de las almas les traigan. No dejes que el espíritu del mundo los confunda, antes al contrario, que sepan predicar con la claridad nacida de la oración, del ayuno, de la fe y la caridad, que sin Cruz no puede haber Resurrección y así puedan despertar en los hombres el ansia de la vida sobrenatural.
Oh Señora, nuestros ojos están fijos en Ti, porque en la Cruz tu Hijo te hizo Madre de todos los hombres y ellos necesitan las vocaciones y los consagrados para poder aspirar al Cielo. Muéstranos que eres nuestra Madre y danos todas las gracias que te pedimos.

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