Saltar al contenido

Misioneras con Él, por Él y en Él

“La obligación de toda Misionera… de estar al día en todo lo relacionado al magisterio de la Iglesia mediante los documentos pontificios. Pero ahora quiero referirme concretamente a la Exhortación Apostólica de su Santidad Pablo VI «Evangelii Nuntiandi», sobre la Evangelización del mundo contemporáneo”.

“Mucho les recomiendo el estudio, meditación y profundización de la «Evangelii Nuntiandi»… Me parece muy importante tenerlo siempre presente como algo que nos quema, que nos inquieta, que nos tortura, que no nos permite reposo alguno mientras haya en el mundo una sola persona que no conozca la Luz, es nuestro ser misioneras”.

“Esto, ser misioneras, es nuestro más caro derecho, nuestra más dulce obligación y nuestro más sagrado deber. Deber y derecho que no debemos olvidar en ningún momento de nuestra vida. Ser misioneras… ¿Cómo?… hasta dar la vida si es necesario!…¿Dónde?… En todas partes!…¿Cuando?… Siempre!… ¿Medida? la obediencia. Como él, que «fue obediente hasta la muerte y muerte de cruz» y «heme aquí que vengo para hacer tu santísima voluntad»”.

… “Misioneras con él, por él y en él. Pero como él, con él y en él en toda la extensión de la palabra: en el sacrificio, en el dolor, en el sufrimiento, hasta la muerte… Pero también en la alegría, en nuestra diaria Eucaristía, en nuestra oración, en nuestra adoración, en nuestro diario apostolado, en cualquier clase de trabajo, mientras dormimos y mientras comemos, mientras descansamos y mientras respiramos, mientras se consume nuestra vida minuto a minuto y en cada latido de nuestro corazón! Siempre hijas, siempre; nuestro espíritu misionero debe ser universal, debe abarcar todos los pueblos, razas y naciones, debe abarcar el mundo, no deben existir fronteras de ninguna especie”.

“Pero no basta el testimonio, es indispensable y urgente «Una predicación viva»: «Pero, ¿Cómo invocarán a aquel en quien no han creído?, ¿Y cómo oirán si nadie les predica?… Luego la fe viene de la audición, y la audición, por la palabra de Cris¬to» (E.N. n.42). Por esto la Misionera… se esforzará porque no pase un sólo día sin que en alguna forma haya predicado a Cristo”.

“El saber que hasta ahora es sólo una pequeña porción de la humanidad que conoce al verdadero Dios debería ser para nosotras misioneras algo insufrible, algo torturante, algo que no nos debería dejar reposo y que nos espolea a hacerlo todo, todo, porque él sea conocido y amado por todos los habitantes de este mundo”.

“Con estas reflexiones las dejo, hijas, en los brazos de nuestro Padre Dios, bajo la acción del Espíritu Santo; que ellos les inspiren la mejor forma de hacer llevar al mundo entero la gran verdad de que Cristo ya ha venido”.

 

Sierva de Dios Ma. Inés-Teresa Arias

De la Circular Nº 13, 1977.