La “madre buena” de Tierra del Fuego, La Hna. Angela Vallese, nacida en Lu Monferrato, y sus hermanas religiosas en el extremo sur de América

La “madre buena” de Tierra del Fuego

La Hna. Angela Vallese, nacida en Lu Monferrato, y sus hermanas religiosas en el extremo sur de América

El primero fue Giovanni Cagliero. Llegó en 1875, convirtiéndose en el precursor de los salesianos en las tierras extremas del sur de Argentina y de Chile. Dos años después lo siguieron las Hijas de María Auxiliadora (FMA), seis muchachas de fuerte temperamento guiadas por la hermana Angela Vallese. Pasados otros dos años, en 1879, el sueño de don Bosco para las tierras patagónicas empezó a transformarse en realidad con la construcción del primer núcleo de la misión de Carmen de Patagones, destinada a un desarrollo extraordinario, aun cuando nacía en una tierra de grandes dificultades. Después de Carmen vendrían las misiones de Viedma, Bahía Blanca, Junín de los Andes, Chos Malal, Río Gallegos, Stefenelli, Bernal, Fortín Mercedes, Luis Beltrán, General Roca, para testimoniar la perseverancia y energía que a lo largo de los años caracterizaría la labor misionera de los salesianos y de las “Auxiliadoras”. Ya en 1883 Tierra del Fuego fue erigida en Prefectura Apostólica por la Santa Sede, convirtiéndose en un punto de referencia para las poblaciones nativas de Ona, Alacaluf y Yamana. Punta Arenas, Porvenir, Puerto Natales (en territorio chileno) y Río Grande y Ushuaia (en Argentina) representarían la punta de lanza de la evangelización salesiana en Tierra del Fuego inscribiendo en el gran libro de la historia misionera las extraordinarias figuras de Domenico Milanesio, Giuseppe Vespignani, José De Beauvoir, Angelo Savio, Pietro Bonacina, Alessandro Stefanelli, Zaccaria Genghini, Alberto De Agostini, Evasio Garrone, Giovanni Aliberti, monsignor Nicola Esandi, Carlo Barruffaldi y la hermana Giovanna Borgna. En este ángulo de América se desarrollaron con fuerza las experiencias del beato Artémides Zatti, de los jóvenes Laura Vicuña (beata) y del indígena Ceferino Namuncurá (beato), cuyo testimonio de santidad ha sido reconocido por la Iglesia.

Entre las muchas vidas desgastadas en nombre de Dios y de Don Bosco, la de Angela Vallese seguirá siendo un verdadero hito en la historia de América. Nacida en Lu Monferrato (Alessandria) el 8 de enero de 1854 en el seno de una familia de campesinos probados por la pobreza y ricos en hijos y amor, Angela partió el 18 de agosto de 1875 hacia Mornese (Alessandria), lugar de origen del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora fundado por San Juan Bosco sólo tres años antes (el 5 de agosto de 1872). Fue acogida en la comunidad y comenzó su camino religioso en el ámbito salesiano, logrando en muy poco tiempo ser conocida por su gran determinación. Emitió sus primeros votos religiosos el 29 de agosto de 1876, mostrándose dispuesta, en noviembre de 1877, a dirigir la primera expedición misionera de las “FMA” en lo que resultaría ser una tierra muy hostil, en el extremo sur del continente americano. Angela Vallese dirigió, con sólo 23 años, a un puñado de verdaderas exploradoras de la fe: Giovanna Borna, de 17 años; Angela Cassulo, de 25; Angela Denegri, de 17; Teresa Gedda, de 25; Teresa Mazzarello, de 17. Todas ellas se embarcaron en la tercera expedición salesiana, acompañadas por Don Giacomo Costamagna. El mismo Don Bosco y Santa María Mazzarello las despidieron el 14 de noviembre de 1877 en el puerto de Génova.

Durante la travesía las “marineras inexpertas” sufrieron el mal de mar (mareos, etc.). Sor Ángela decidió contrarrestarlo imponiendo en el barco «Savoia» el ritmo de trabajo y oración que tenían en Mornese, dedicando especial atención a los demás pasajeros, ya fueran de primera clase o de última clase, sin ninguna diferencia.

Antes de llegar al primer destino de su viaje, Montevideo (Uruguay), las monjas tuvieron que guardar “cuarentena” en la isla de Flores (también Uruguay), ya que previamente habían hecho escala en Río de Janeiro, donde entonces hacía estragos la fiebre amarilla. Cuando por fin llegaron a su destino, fueron acogidas por las Hermanas de la Visitación, a la espera de la construcción de su primera casa y de una aventura de la que serían extraordinarias protagonistas. A medida que avanzaban hacia el sur, las misioneras se dedicaron a la catequesis y construyeron, con muy pocos medios, oratorios, colegios, escuelas y talleres para educar en la oración, sobre todo litúrgica, en lugares donde podría parecer imposible. El grupo trabajó con extraordinaria armonía junto a los salesianos, encontrando en Monseñor Giuseppe Fagnano una verdadera piedra angular del proyecto organizativo. Las hermanas pudieron acercarse más fácilmente a las mujeres y los niños nativos y ganarse a través de ellos la confianza de toda la población, que era profundamente desconfiada debido a ciertas terribles experiencias que habían tenido anteriormente con colonizadores blancos. Las Hijas de María Auxiliadora hicieron enormes sacrificios y superaron muchas decepciones apostólicas a causa del clima de sospecha de que estaban revestidas todas las poblaciones de la Patagonia y Tierra del Fuego. Las religiosas también superaron con valentía el odio causado por las epidemias que destruyeron grupos étnicos enteros.

La hermana Angela Vallese vivió durante veinticinco años, de 1888 a 1913, en Punta Arenas.

En 1893 fue nombrada visitadora de las casas abiertas por las Hijas de María Auxiliadora en el sur de la Patagonia y en las Tierras de Magallanes. Mujer sencilla, sabia y extremadamente práctica, trabajó incansablemente en un entorno que ofrecía más espinas que rosas. La pobreza que vivió de niña le ayudó a comprender las necesidades de los demás y a superar cualquier dificultad. De hecho, a menudo había pedido ayuda a las familias más ricas de Lu porque el dinero que ganaba como costurera no era suficiente para contribuir al escaso presupuesto familiar. «Estoy cada vez más contenta» -escribió en una carta- «cada día más que el anterior, de haberme hecho hermana de María Auxiliadora, y más aún desde que tuve la suerte de venir a América. Os digo sinceramente que no cambiaría mi destino ni con la reina más afortunada del mundo».

La misionera afrontó con valentía y gran sentido práctico las penurias del duro clima y los frecuentes riesgos de naufragio al cruzar el Estrecho de Magallanes para visitar las misiones fundadas en Tierra del Fuego, Isla Dawson e Islas Malvinas. También sobrevivió a la hostilidad de algunos gobiernos hacia la obra salesiana. Hacia finales de 1881, una violenta epidemia de tifus tuvo a las hermanas en primera línea de asistencia a los enfermos y moribundos. La hermana Angela también estuvo postrada en cama con una fiebre muy alta, pero en cuanto pudo ponerse en pie, reanudó su asistencia a los demás enfermos y a las hermanas.

En 1896, la misión de Candelaria (Cabo de Peñas), construida con inmensos sacrificios, fue destruida por un incendio. Pero una vez más las hermanas superaron el difícil momento con su temple y perfecta organización. Se adaptaron a dormir en el suelo, en dos pequeñas habitaciones, a pesar de estar seriamente dañadas por el incendio y sin techo, ante el durísimo invierno austral: las hermanas descansaban con temperaturas de entre diez y quince grados bajo cero, encontrando por la mañana una fina capa de hielo sobre sus mantas.

En la primera carta que escribió a sus padres desde Uruguay (en 1878), la hermana Angela expresó su firme convicción: «No somos ni de América ni de Italia, nuestra casa está en todas partes». Llamada por la gente “fueguina”, sobre todo por las niñas y mujeres con las que estaba en contacto, y “madre buena”, sor Angela terminó su vida misionera con un último y dificilísimo sacrificio: después de participar en el séptimo Capítulo General del instituto celebrado en Nizza Monferrato en 1913, tuvo que obedecer a sus superioras y quedarse para recuperar su salud, muy agotada por tantos sacrificios, pues estaba al límite de sus fuerzas. Murió al año siguiente, a la edad de 60 años, el 17 de agosto de 1914. La pionera de las misiones en América murió paradójicamente lejos de la tierra de su corazón.

(Artículo publicado en L’Osservatore Romano, edición cotidiana en lengua italiana, Ciudad del Vaticano, 15 de septiembre de 2021, págs. II-III).

Algunos sitios en la web sobre estas misioneras:

https://archive.cgfmanet.org/21.aspx?sez=21&sotsez=1&detsotsez=1&doc=912&lingua=5

https://www.infoans.org/sezioni/notizie/item/4344-italia-a-140-anni-dalla-prima-spedizione-missionaria-delle-fma

https://archiviostoriconizza.wixsite.com/archiviostoriconizza/missioni

 

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