Jesús es exigente, te pide siempre más…

Somos Pietro y Antonella, padres de una hermana contemplativa de las Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará. Con estas líneas queremos dar testimonio de cómo vivimos la vocación de nuestra hija.

Por muchos años hemos ayudado como catequistas en nuestra parroquia, alimentando la fe en el Señor Jesús, poniéndolo a Él al centro de nuestra vida, de tal modo que Él cambió totalmente nuestros planes: de hecho cuando dejas la puerta del corazón abierta a Dios, Él entra y con una dulce violencia se vuelve el Dueño. Conocimos al IVE por medio de una misión popular que tuvo lugar en el 2007, al término de la cual nuestra hija quedó tan encantada con las hermanas que participaron que la invitaron a estar con ellas algunos días en su convento en Segni. Al principio pensábamos que se trataba simplemente de una gran admiración y estábamos súper contentos del entusiasmo que ella mostraba, pero en poco tiempo nos dimos cuenta que se trataba de algo mucho más profundo: había descubierto su vocación. Para nuestra familia no fue nada fácil aceptar esta decisión ya que sólo tenía 15 años, pero la veíamos tan feliz y siempre más convencida, así que reunimos todas nuestras fuerzas y lo aceptamos, no obstante los kilómetros que físicamente nos dividían.

Jesús es exigente, te pide siempre más…Nuestra hija eligió la vida más dura que un padre pueda aceptar: la vida contemplativa, una elección totalmente contrapuesta a la sociedad de hoy, donde los valores cristianos de respeto, amor y fidelidad son ridiculizados y despreciados. Muchas veces los matrimonios cristianos olvidan la promesa-formula que se recita durante la celebración del matrimonio: “¿Estáis dispuestos a recibir de Dios responsablemente y amorosamente los hijos, y a educarlos según la ley de Cristo y de su Iglesia?”  Puede pasar que los padres antepongan sus proyectos a los de Dios, tienen expectativas hacia los hijos deseando para ellos “lo mejor” como una carrera o el éxito. Eso pasa porque uno desea ver realizado en los hijos lo que no pudo ver realizado en su vida, y nos olvidamos de que Dios tiene un proyecto sobre cada uno de nosotros que quiere llevar a cabo. Lo importante es no sentirse dueños de la propia vida, sino confiar completamente en Dios y Él ciertamente hará cosas grandes (como lo hizo con María en la Anunciación, aunque era todavía oscuro todo lo que  le esperaba). La vida cristiana no es siempre linear, sino que está acompañada de cruces, dificultades, amarguras, pero lo importante es mantener siempre encendida la luz de la fe.

Hablando en concreto de nuestra hija, que actualmente es monja contemplativa en un Monasterio en Holanda (Valkenburg), no es fácil vivir a distancia de 1800 km, pero la oración supera toda distancia, ¡de hecho es justamente espiritualmente que nos sentimos muy cerca de ella! Pudimos visitar el lugar donde vive y palpamos su vida y podemos atestiguar que el día de las contemplativas es de continua oración, centro de la vida monástica, y gracias a ellas y a las otras contemplativas en el mundo, la Iglesia avanza entre mil dificultades. La vida contemplativa está centrada en el “único necesario”: cuando Jesús, en el Evangelio de Lucas, estaba en casa de Marta y María, dirigía a María estas palabras, diciendo que había elegido la mejor parte porque estaba a sus pies escuchando su Palabra. El silencio y la ascesis son elementos que favorecen para hacer de la vida monástica una oración incesante, una continua alabanza de gloria de la Santísima Trinidad. Aunque el apostolado en estos tiempos es urgente, es, en cambio, necesario que Dios llame  a algunas almas a dedicarse a Él sólo. Es una vocación…es un fuerte deseo de hacer fructificar la propia vida en unión con Jesús, en el silencio y en la soledad y teniendo fijo delante de los ojos como guía, aquel faro luminoso de amor que sabe cómo hacer llegar a Dios y descubrir el secreto para dejarse continuamente iluminar por su luz. S. Teresita del Niño Jesús dice: “Oh Jesús, amor mío… ¡por fin encontré mi vocación! En el corazón de la Iglesia, mi madre, yo seré el amor”. En nuestra hija está presente este ardiente deseo de hacer fecunda su vida en unión con Jesús, en la escucha de su Palabra…es una maternidad espiritual de la cual esperamos ver realizados sus frutos en esta tierra y en el Cielo.

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