FORMACIÓN – Presentación del libro «Las vocaciones, encontrarlas, examinarlas, probarlas» del sacerdote Jesuita Emvin Busuttil

Queridas mamás y mujeres del Proyecto 40 horas,

Presentamos el libro «Las vocaciones, encontrarlas, examinarlas, probarlas» del sacerdote Jesuita Emvin Busuttil, publicado en italiano en 1949 con el título «Trovare, Esaminare, Provare le vocazioni: (appunti di esperienze personali)» que se irá entregando en los próximos boletines y deseamos les sea de mucho provecho

El libro tiene tres partes (en busca de las vocaciones, examinando una vocación, probando una vocación) y 2 apéndices uno para los padres y otros para los Sacerdotes. Son 228 páginas de muy fácil lectura. Dice el padre: “Este libro es un conglomerado de experiencias personales. (…) Expondré al lector, llana y sencillamente, ideas, cosas y juicios sin pretensión de hacer un texto ni de enseñar ningún método, sino con el sincero deseo de que estos apuntes puedan aprovechar para el incremento de las vocaciones y para hacer felices a tantos y tan queridos jóvenes que son llamados por Dios a cosas grandes”.

Hablando a los padres y madres de familia, escribe: “Es un honor para vuestra familia el que Dios se haya parado precisamente delante de vuestra casa para escoger, del fruto de vuestro amor, a uno de sus ministros, un amigo de su Corazón, un continuador de su obra redentora, un colaborador suyo en la salvación de las almas”.

Podemos preguntarnos ¿De dónde salen las vocaciones, los hombres y mujeres que se entregan completamente a Dios? ¿de las familias musulmanas? ¿de las familias ateas? Ciertamente que no. De vuestras familias, queridas madres cristianas, es de donde Dios escoge a sus ministros. Es un signo de que habéis hecho bien vuestro trabajo de madres: “Dios de esa manera alaba la educación cristiana que habéis dado a vuestros hijos y os pone como ejemplo a todo el pueblo como familia ejemplar y profundamente cristiana. De hecho, salvo raras excepciones, Dios escoge a muchachos buenos y moralmente sanos y puros, jóvenes que han sido bien guardados y santamente guiados”.

El dar un hijo o hija a la vida religiosa no es hacer un favor a Dios, sino que Él nos lo hace a nosotros “La vocación de vuestro hijo significa la bendición de Dios sobre toda vuestra familia. Si el castigo suele recaer sobre toda la familia, también la bendición ha de tocar a toda ella. Y en la práctica vemos que es así.”. y dice aún mas: “Os aseguran el ciento por uno en esta vida y además la vida eterna. No es únicamente vuestro hijo el que usufructuará esa promesa divina que se encuentra en el Santo Evangelio. Jesús de hecho dijo: “E1 que dejare padre, madre (y esto va para el hijo que deja el padre y la madre), hijo, hija (y esto va para vosotros), haberes, etc., tendrá el ciento por uno en esta tierra y después la vida eterna”. Así pues, vuestro hijo, con su fidelidad a su vocación, os procura la seguridad de que salvéis vuestra alma y de que Dios os bendiga en esta vida. Quiere decir, hacer feliz a vuestro hijo, ponerle en sitio seguro, donde su alma esté muy lejos de las tentaciones del mundo. Significa que siempre tendréis su gratitud, sus oraciones y su afecto, porque os considerará como los mejores artífices, después de Dios, de su felicidad”.

De modo que debemos tomar como parte de nuestros deberes de buenos cristianos el hablar de la vocación, que es un modo de descubrir a los mismos jóvenes o niños su llamado. Sin temor alguno, pues “son muchos y aún diría muchísimos los jóvenes católicos que son llamados a la vida religiosa, pero pocos conocen que la tienen y poquísimos los que la siguen.

 Es harto de llorar la ignorancia de algunos “que piensan que ha de ser el joven el primero que ha de hablar de la vocación. Alguna vez, y quizá muchas veces, he de ser yo sacerdote, yo religioso, yo amigo, el que rompa el hielo y estimule al joven a darse cuenta del tesoro latente que lleva en su corazón”.

 “Bien pronto nos daremos cuenta de que todos pueden y con facilidad ser apóstoles de las vocaciones porque, las más de las veces, el gran trabajo de “suscitar” vocaciones consiste en dar a conocer al joven que él tiene señales de vocación. Erróneamente solemos decir que es necesario suscitar vocaciones cuando más bien debiera decirse que lo que importa es descubrir las vocaciones y revelarlas a los jóvenes, los cuales muchísimas veces la llevan en el corazón sin darse ellos cuenta.

 Por eso recomendamos vivamente la lectura y reflexión sobre este precioso libro, que nos ilustra la inteligencia aclarando dudas con comparaciones muy claras como esta: La vocación, como las demás inspiraciones de Dios, puede pasar inadvertida sin dejar un profundo surco, puede no ser entendida porque el corazón del joven está distraído, puede ser ahogada por tentaciones o pecados, puede ser desechada por egoísmo o por creer que es demasiado difícil”.

Les dejo este planteamiento. Un sacerdote me bautizó, un sacerdote me perdono los pecados, me dio la primera comunión, me casó, bautizó a mis hijos… en los momentos mas importantes de mi vida siempre estuvo allí: ¿que he hecho yo por los sacerdotes?

 

P.Gabriel Prado, IVE.

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