FORMACIÓN – La elección, P.E.Busuttil, S.J.

1) Preparación remota

No es conveniente hacer en seguida la elección. Antes conviene que el joven sepa las ventajas de la vida religiosa, el alcance de los santos votos, la obediencia, la castidad, etc. Sepa cuáles son los deberes del sacerdote, la belleza de esa excelsa dignidad; debe entender un poco lo que deja y también la belleza del sacramento del matrimonio que es un gran sacramento lleno de significados místicos e instrumento en las manos de Dios Creador.

Para decirle todo esto, no debe haber prisas. No hay razón para dárselo todo de una vez sino poco a poco, frenando tal vez las prisas del joven. De esta forma tendrá tiempo de gustar, de caer en la cuenta, de ponderarlo todo, y cuando a continuación haga la elección, habrá adquirido ya una cierta madurez.

2) Preparación próxima

Hecho lo anterior va bien fijar la fecha en la que se ha de hacer la elección y mientras se prepara, haga una novena al Sagrado Corazón o a la Santísima Virgen. Mucho mejor si puede hacer los Ejercicios Espirituales en el silencio y recogimiento. Esos días de preparación han de ser días de oración, de lectura espiritual, de retiro y de penitencia. Se trata de obtener de Dios que se haga oír con su gracia y con sus luces. No se va a hacer una cosa material sino un acto sobrenatural, y si no viene la ayuda de Dios es casi seguro que nos equivocaremos.

Otra cosa que se ha de hacer es apartar de su mente toda clase de dificultades que se le presenten. El demonio suele turbar al joven e impedirle que haga bien su elección de estado, presentándole dificultades insuperables de modo que, en vez de buscar con sinceridad la voluntad de Dios, se convenza antes de tiempo de que no podrá ser nunca sacerdote o que la vida religiosa no se ha hecho para él. “Aún no sabes si te llama Dios o no a la vida religiosa. Primero mira si esa es para ti la voluntad de Dios y después examinarás las dificultades y verás si son tales que debiliten tu decisión”.

Antes de hacer la elección se ha de fijar bien el objeto de la elección misma.

Primero: ¿He de seguir el camino ordinario quedándome en el mundo o de apartarme y entregarme a una vida perfecta?

Segundo: ¿He de ser sacerdote secular o religioso? Si decido hacerme religioso puede darse que quede indeciso sobre “qué Orden elegiré”, y entonces ha de hacerse otra elección.

El punto capital es el primero; los demás, la mayoría de las veces, suelen decidirse de una manera más bien natural y no presentan gran dificultad.

En este momento decisivo y solemne de su vida el joven ha de convencerse de que no puede seguir adelante sin un Padre espiritual, sin un guía experto desinteresado y que busque su verdadero bien. Naturalmente este guía habrá de ser un sacerdote o un religioso. Son ellos, antes que nadie, los que reciben de Dios la misión de dirigir a las almas y por tanto, están provistos de la gracia de estado para conocer la voluntad de Dios. ¡Ideas equivocadas, exageraciones, ilusiones! Se requiere un guía que haga caer todos esos fantasmas y que disipe todas esas nubes que nos parecen tempestades pero que no son sino pompas de jabón.

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