El misterio de las vocaciones

¿Cuáles son las vocaciones de especial consagración? Comúnmente se consideran cinco: sacerdotal, diaconal, religiosa, misionera, secular, como señalamos más arriba.

¿En qué consisten las vocaciones de especial consagración? Esencialmente, consisten en tres cosas:

– En el llamado de Dios, que es lo más importante de la vocación y que produce necesariamente, en el candidato, la idoneidad;

– La idoneidad, que es efecto del llamado interior de Dios, es triple: idoneidad física-psíquica; idoneidad moral, que implica siempre la recta intención; e idoneidad intelectual; triple idoneidad que es condición sin la cual no debe darse el tercer elemento;

– El llamado de la Iglesia, que hace las veces de Dios aquí en la tierra.

¿Cómo llama Dios? Dios llama «tocando» el alma con su gracia.

El llamado de Dios ordinariamente es interior. Es Dios quien desde dentro inspira a las almas el deseo de abrazar un estado tan alto y excelso como es el de la vida consagrada. Podemos reconocer dos pasos.

Hay quienes dicen que para que haya auténtica vocación es necesario ser llamados directamente por la voz del Señor de modo extraordinario como cuando llamó a Pedro o Andrés, ahí sí no hay que demorar e ingresar de inmediato. Pero cuando el hombre es llamado sólo interiormente, entonces es necesaria una larga deliberación y el consejo de muchos para conocer si el llamado procede realmente de una inspiración divina.

A estos les decimos con Santo Tomás: «Réplica llena de errores». El deseo interior y desinteresado de abrazar el estado religioso es auténtico llamado divino, por ser un deseo que supera la naturaleza, y debe ser seguido al instante; hoy como ayer son válidas las palabras de Jesús en la Escritura. El consejo si quieres ser perfecto ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres (Mt 19, 21) lo dirigía Cristo a todos los hombres de cualquier tiempo y lugar: cualquiera que haya dejado casa o herma­nos por causa de mi nombre, recibirá cien veces más y poseerá la vida eterna (Mc 10, 29). Y así todos, aún hoy, deben recibir este consejo como si lo oyesen de los mismos labios del Señor. Y quien por este se determine puede pensar lícitamente que ha recibido la auténtica vocación religiosa.

El modo ordinario como Dios suscita las vocaciones es interior, por las divinas insinuaciones del Espíritu Santo al alma. Modo que prece­de a toda palabra externa ya que «el Creador no abre su boca para enseñar al hombre sin haberle hablado antes por la unción del Espíritu». Por tanto el llamado interior es auténtico llamado de Dios y debe ser obedecido al instante, como si lo oyéramos de la voz del Señor.

Es característico del llamado divino, impulsar a los hombres a cosas más altas. Por eso nunca el deseo de vida religiosa, al ser tan excelso y elevado, puede provenir del demonio o de la carne; «muy ajena cosa a los sentidos de la carne es esta escuela en la que el Padre es escuchado y enseña el camino para llegar al Hijo. Y eso no lo obra por los oídos de la carne, sino por los del corazón».

Tal llamado de Dios es el «fundamento mismo sobre el que se apoya todo el edificio» pues la «vocación religiosa y sacerdotal no puede provenir sino del Padre de las luces de quien desciende todo buen don y toda dádiva perfecta». La Iglesia nunca ha dudado del origen divino de la vocación sacerdotal, y así lo ha afirmado siempre, desde sus inicios hasta la actualidad. Al respecto, y con relación a cuál sea la causa primera de toda vocación, sostiene Juan Pablo II que «en el origen de toda vocación está siempre Jesucristo, suprema encarnación del amor de Dios». Es decir, en el pensamiento de la Iglesia, jamás se ha equiparado la vocación sacerdotal a una profesión meramente humana, la cual sí surge del hombre. En el caso de la vocación, la iniciativa corresponde siempre a Dios: «Desde los inicios, la Iglesia ha considerado la vocación al ministerio (sacerdotal) como una gracia concedida por el Espíritu de Dios».

«Debemos obedecer sin vacilar un momento y sin resistir por ningún motivo, las voces interiores con que el Espíritu Santo mueve al alma», el Señor me abrió el oído y yo no me resistí ni me volví atrás (Is 50, 5), recordando que todos los que se rigen por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios pues son los «regidos por el impulso de la gracia».

MARÍA, MADRE DE TODAS LAS VOCACIONES DE ESPECIAL CONSAGRACIÓN

*****

Queridas mamás de las 40 horas, sigan rezando y pidiendo la gracia de que Dios suscite muchas y santas vocaciones y también para que los jóvenes llamados sean fieles y generosos en responder con prontitud esta gracia divina.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *