¡Déjame Señor palpar por un momento cuanto alcanzan mis susurros!

Se dispone mi alma cuando se acercan las 40 horas, se dispone con fervor a enternecer tu Corazón. Quiere entrar por aquella abertura que hizo la lanza y quedarse allí! Como una vela del Sagrario, que arde como signo de mi amor y titila como signo de mi súplica. Se que esta débil voz de mi oración que hago dentro del volcán de amor de tu Corazón Tú la escuchas como un trueno. Cuán grande es el poder de la oración sobre Ti, Señor, cuánto te duele que no pidamos mucho! Mi oración pequeñita dentro de tu Corazón herido se vuelve poderosísima. Déjame Señor palpar por un momento cuánto alcanzan mis susurros. Entonces mi confianza crecerá sin límites, pedirá sin vacilar, sin cansarse, segura que diques inmensos de gracias se abrirán y correrán imperiosamente sobre todos los religiosos, todos los llamados y se renovará la faz de la Tierra. Déjame palpar como amas a esa pequeña vela, por un momento, Señor!

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