Cardenal Kung Pin Mei en una carta pastoral
Las vocaciones:
Viendo el número de vocaciones: sacerdotes, hermanos maestros, novicias religiosas, disminuyendo progresivamente cada año: (este año sólo se inscribieron 14 seminaristas mayores, 9 hermanos maestros y 15 novicias religiosas), nuestro corazón se contrae, y el futuro se nos presenta angustioso.
Dado el bajo número de seminaristas en China, Su Excelencia Monseñor Riberi hizo sonar la alarma el año pasado. Recuerden el pedido de Monseñor Haouisee llamando a las vocaciones sacerdotales. En nuestras iglesias, se deben ofrecer oraciones para obtener de Dios un número de sacerdotes santos. Redoblad vuestras súplicas. Pedid también mayor número de hermanos maestros de las cosas santas y de Hermanas religiosas de la Santa Presentación.
Además de la oración, buscar medios para obtener más vocaciones. Una vocación es una flor delicada. Plantada en los corazones de los niños, crece y florece solo después de mucho cuidado. Normalmente la escuela y la familia están llamadas a colaborar en esta educación. En teoría, el deber de los padres es esencial y, a fortiori, la influencia cristiana de una escuela puede hacer poco por sí sola.
La entrega de los hijos a Dios constituye un doloroso sacrificio por amor a los padres. Pero los cristianos, conscientes del honor que Dios les da, aun cuando resistan este sacrificio, deben considerar cómo esta gracia señalada, esta flor exquisita de una vocación, podría estar desarrollándose en el corazón de su hogar. Ellos pueden tener el corazón para rodear al niño de un sano ambiente hogareño de ardiente amor a Cristo, de devoción a su Iglesia, de pureza y de espíritu de sacrificio.
Testimonio vocacional de la hermana Mary of Mercy
Cómo es posible que una joven que trabajaba en la ciudad de Nueva York en los años ‘90 conociera e ingresara en una Congregación fundada solo unos años antes en una pequeña ciudad de Argentina? Como sucede en cada vocación a la vida religiosa, la Divina Providencia interviene y por medio de fieles instrumentos Dios atrae hacia sí lo que es suyo. Finalicé mis estudios de la Universidad en el año 1990 y enseguida obtuve un trabajo en la ciudad de Nueva York. ¡Lo había logrado! Buscaría un marido rico y lo tendría todo. Y así se iba desenvolviendo mi vida en un ambiente materialista y mundano (en el que me encontraba muy cómoda) hasta que Dios intervino. Sin haberlo buscado, Dios salió a mi encuentro en Nueva York. Aprendí lo que más pude sobre mi fe, conocí personas extraordinarias que ayudaron a cambiar la historia (el Padre Groeschel, el Padre Andrew Apostoli, el Cardenal O’Connor, la Madre Agnus Mary, etc.), vi al Papa Juan Pablo II en la Jornada de los Jóvenes en Colorado, viví mi fe en una manera nueva y audaz y también vi a otros acercarse a la fe. ¡Toda mi vida había cambiado! Y en medio de todo esto la Virgen María entró en escena. En el año 1993 un joven de nuestro grupo de amigos conoció a unos sacerdotes argentinos y poco tiempo después ingresó al Instituto “del Verbo Encarnado” y comenzó su Noviciado en Brooklyn. ¡Esto nos sacudió a todos!Entonces existía esta otra vocación… y mi corazón empezó a afligirse. Mis planes ya estaban listos y además el que era mi novio en ese momento se había convertido al catolicismo. Pero todavía subsistía un deseo grande en mi corazón. ¿Cómo podría llegar a ser madre de una familia numerosa y seguir al mismo tiempo completamente involucrada en la Iglesia? Le había rezado a Santa Teresita del Niño Jesús y ni siquiera ella me estaba ayudando… le había rezado una novena en diciembre: si la próxima rosa en florecer era roja, significaría que Dios me quería religiosa, si era amarilla, me casaría y sería esposa y madre. El último día de la novena el rosal floreció: ¡era amarilla! Pero cuando me acerqué a la rosa ¡vi que era amarilla por fuera y roja por dentro! ¿Ahora qué?… ¡Libertad! Ahora Dios me estaba pidiendo que le entregara libremente mi vida para ser parte con Él en la obra de la redención. En mi búsqueda del lugar correcto decidí que era importante para mí que se tratara de una Congregación bien establecida -nada de algo que tuviera relación con un carisma nuevo-, que fuese fiel a la Iglesia en todos los aspectos: en la liturgia, en la oración, en la vida comunitaria, en el uso del hábito, con un gran respeto hacia los votos y una gran devoción a la Virgen María. Para mí era importante entrar en una Congregación en la que pudiera realizar mi formación en los Estados Unidos y, por supuesto, que se hablara inglés, pues estaba segura de que nunca podría aprender otro idioma. Otra vez yo iba haciendo mis planes…Cuando aquel joven que ingresó al Instituto “Del Verbo Encarnado” nos invitó a participar de su toma de sotana el 25 de marzo de 1994, todo nuestro grupo de amigos se reunió y valientemente se dirigió hacia “East New York Brooklyn”. ¡Nuestras hermanas (de las que nunca había escuchado antes) habían llegado el día anterior!Ingresé con las Servidoras y el 2 de febrero de 1995 recibí el hábito. Unos días después viajé a Argentina para iniciar mi formación (¡en español!). Ya había tenido demasiado de mis propios planes y de ponerle límites a Dios…Doy gracias a la Madre de la Misericordia por todas las gracias y dones que recibí a través de Ella, especialmente por el don de la vocación.
El Clamor de las 40 Horas
Jesús Sacramentado, que estas 40 Horas de Oración que te ofrecemos no sean un momento pasajero. Multiplica el número de mujeres que se unan a este clamor. Que cada hora de guardia ante el Santísimo sea un golpe de gracia que sacuda al mundo.
Tenemos la certeza de que la oración de la mujer que ama y repara puede cambiar el curso de la historia. Por eso, te pedimos una nueva, profunda y fecunda renovación de la evangelización del mundo a través de la santidad de tus religiosos.
Sácianos de tu amor, escóndenos en tu herida, y no permitas que salgamos de tu Corazón sin la victoria de la gracia para nuestra amada Iglesia.
Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío.
Inmaculado Corazón de María, ruega por nosotros y por nuestros sacerdotes.
Amén.