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Oración al Sagrado Corazón de Jesús por los sacerdotes

Señor Jesús, Pastor Supremo del rebaño,

te rogamos que por el inmenso amor y misericordia

de Tu Sagrado Corazón,

atiendas todas las necesidades de tus sacerdotes.

Te pedimos que retomes en Tu Corazón

a todos aquellos sacerdotes que se han alejado de tu camino,

que enciendas de nuevo el deseo de santidad

en los corazones de aquellos sacerdotes

que han caído en la tibieza,

y que continúes otorgando a tus sacerdotes fervientes

el deseo de una mayor santidad.

Unidos a tu Corazón y al Corazón de María,

te pedimos que intercedas ante el Padre celestial,

en la unidad del Espíritu Santo.

Amén.

San Juan Pablo II: “Dejad que la fuerza del Espíritu Santo actúe en vosotros”

MENSAJE DEL PAPA JUAN PABLO II PARA LA XVII JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES (1980)

Queridísimos jóvenes, en esta ocasión quiero dirigiros una invitación muy especial: reflexionad. Comprendéis que os hablo de cosas muy importantes. Se trata de consagrar la vida entera al servicio de Dios y de la Iglesia. Se trata de consagrarla con fe segura, con convicción madura, con decisión libre, con generosidad a toda prueba y sin arrepentimiento. Las palabras de Jesús: “Yo estaré todos los días con vosotros hasta el fin del mundo” aseguran la continuidad de aquel “vosotros”. Las llamadas del Señor siempre existirán, y siempre encontrarán respuesta por parte de personas disponibles. Vosotros, también, debéis poneros en actitud de escucha. Debéis penetrar con vuestro pensamiento, iluminado por la fe, en la dimensión ultraterrena del designio divino de salvación universal. Sé que muchas cosas y acontecimientos actuales de este mundo os turban. Precisamente, por este motivo, os invito a reflexionar. Abrid vuestro corazón al encuentro gozoso con Cristo resucitado. Dejad que la fuerza del Espíritu Santo actúe en vosotros y os inspire las opciones justas en vuestra vida. Pedid consejo. La Iglesia de Jesús debe continuar su misión en el mundo; ella os necesita, pues es mucha la labor a realizar. Al hablaros de la vocación y al invitaros a seguir este camino, soy yo el humilde y apasionado servidor de aquel amor, que movía a Cristo cuando llamaba a los discípulos a su seguimiento.

Mensaje del P. Buezas

Es interesante que exista esta devoción que llamamos “del Sagrado CORAZÓN… ¿Por qué el “Corazón”? Si bien es un órgano vital (esencial para nuestra vida, y por eso debemos protegerlo), no deja de ser un músculo, un órgano… sí, pero el órgano humano al que aludimos más frecuentemente. Es que LA PASIÓN DEL AMOR ES LA RAÍZ DE TODA LA VIDA AFECTIVA DEL SER HUMANOY EL CORAZÓN ES SU SÍMBOLO MÁS REPRESENTATIVO. Y esto quizás sea así porque las pasiones, al ser tan intensas, desbordan y tienen su eco en el órgano del corazón (que se agita, se detiene, late…).

Por eso, cuando hablamos del Corazón de Jesucristo, estamos hablando del centro de su personalidad, que son sus afectos/amores: por el mismo Dios y por cada uno de los hombres “particularmente considerado”. Por eso decía Pío XII que «su Corazón, más que ningún otro miembro de su Cuerpo, es un signo o símbolo natural de su inmensa caridad hacia el género humano»[1]. Es nuestro amante por excelencia.

Y como el que ama desea estar con la persona amada, fue que este Corazón ardiente de Caridad, en la noche santa de la Última Cena, ha instalado su presencia eucarística en medio de nosotros, «para que allí, en los altares de nuestros templos, en los sagrarios de nuestras capillas y en las custodias de nuestras adoraciones, podamos tener un signo eficaz de su presencia y un lugar de consuelo y descanso, porque ese misterio mil veces santo de la Eucaristía encierra el Corazón mismo de Dios»[2]. Esto significa que viene del Cielo todo un Dios a hacer el milagro más estupendo de amor para poder estar con nosotros… quieto, callado y hasta gustoso, lo traten bien o lo traten mal, lo pongan en una casa rica o miserable, lo busquen o lo desprecien, lo alaben o lo maldigan, lo adoren como a Dios o lo desprecien… y eso con todas las almas: las buenas, finas y agradecidas, pero también con almas tibias, olvidadizas, inconstantes, frías, duras, malas, desagradecidas… Eso es estar el Corazón de Jesús en el Sagrario: ESTÁ con un amor y una paciencia… tan grandes!!! Y ESTÁ MIRANDO… Desde el Sagrario, el Corazón de Jesús nos mira. Nos mira siempre. Nos mira en todas partes… Nos mira como si no tuviera que mirar a nadie más que a cada uno de nosotros.

¿Por qué? Porque nos quiere, y los que se quieren ansían mirarse. Ustedes, que son madres, seguramente lo entenderán; porque a veces pasan horas sin hablar y casi sin respirar, junto a uno de sus niños que está enfermo y que duerme. Y si uno les pregunta: “¿Qué estás haciendo?” Ciertamente responderá: “miro a mi hijo” … ¿Y por qué? Porque lo quiere y no se cansa de mirarlo. Y su pena, ¿saben cuál es? No poder seguir al niño con su mirada, siempre. Si ella pudiera no perderlo de vista, ¡cómo gozaría! ¡cómo lo acompañaría! ¡cómo sienten las madres no tener un cariño omnipotente! Pero el con el Corazón de Jesús no pasa así, porque nos quiere con un cariño que no tiene límites…

¡Desde el Sagrario nos sigue con su mirada, como nos seguiría cualquier madre, si pudiera! Y POR ESO SU CORAZÓN LATE LLENO DE ALEGRÍA CUANDO SIENTE LOS PASOS DE UNO DE NOSOTROS QUE PASA CERQUITA DE LA IGLESIA, ESPERANDO QUE ENTREMOS, AUNQUE SEA UN MINUTITO, A ESTAR CON ÉL, A ACOMPAÑARLO…

San Manuel González, el obispo de los sagrarios abandonados, de quien he tomado varios de los elementos de este escrito decía: «El Corazón de Jesús, vivo en el Sagrario, sabe mi pena; está lleno de compasión por mí y arde en deseos de remediarme y consolarme…»[3].

Cada uno de nosotros debe tener su historia de amistad con Jesús en el Sagrario; una historia en la que aprendemos que, en ese Sagrario, hay un único Corazón, divino y humano a la vez, que llora de alegría cuando lo visitamos y estamos con Él. Pregunto yo: ¿Podría llegar a más su amor por nosotros? Pareciera que no, pero… ¡La verdad es que sí! ¡Parece mentira, pero no solamente Cristo quiso quedarse entre nosotros, QUISO TAMBIÉN QUE LO COMAMOS! Que lo comulguemos, que lo recibamos en nuestro pecho. Quiere llegar hasta el fondo de nuestra alma y ser Señor de ella, para que empecemos a vivir en esta Tierra esa vida de amistad que Él quiere tener con nosotros, en el Cielo, por toda la eternidad.

P. Roque Buezas, IVE

[1] Pio XII, Encíclica Haurietis aquas sobre la devoción al Sagrado Corazón (15/5/1956), 6

[2] P. BERNARDO IBARRA, Meditaciones sobre las letanías del Sagrado Corazón de Jesús, IVE, 2023, pp. 43-44.

[3] San Manuel González, Qué hace y qué dice el Corazón de Jesús en el Sagrario.