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San Juan Pablo II: “Se necesita mayor audacia evangélica”

MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II PARA LA XXXIII JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES (1996)

Pero nuestras comunidades necesitan creer aún más en la importancia que reviste la propuesta de los múltiples proyectos de vida cristiana y de las funciones eclesiales, ministerios y carismas, suscitados por el Espíritu en el transcurso de los siglos y reconocidos como legítimos y auténticos por los pastores de la Iglesia. También ahora, cuando la sociedad se transforma rápidamente y en profundidad, en las comunidades de los creyentes, la propuesta cristiana debe superar todo tipo de resignación pasiva y dar con confianza y valentía sentido pleno a la existencia mediante el anuncio de la presencia y de la acción de Dios en la vida del hombre.

Hoy, frente a los desafíos del mundo contemporáneo, se necesita mayor audacia evangélica para realizar el compromiso de promoción vocacional según la invitación del Señor a pedir insistentemente obreros para la difusión del reino de Dios (cf. Mt 9, 37-38).

… La Iglesia debe manifestar su imagen auténtica en el esfuerzo diario de fidelidad a Dios y a los hombres. Cuando realiza esa misión con profunda armonía, viene a ser el terreno propicio para el nacimiento de opciones valientes de compromiso sin reservas en favor del Evangelio y del pueblo de Dios.

Es necesario que el nombre de Jesús sea predicado

El nombre de Jesús, luz de los predicadores

El nombre de Jesús es la luz de los predicadores, pues es su resplandor el que hace anunciar y oír su palabra. ¿Por qué crees que se extendió tan rápidamente y con tanta fuerza la fe por el mundo entero, sino por la predicación del nombre de Jesús? ¿no ha sido por esta luz y por el gusto de este nombre como nos llamó Dios a su luz maravillosa? Iluminados todos y viendo ya la luz en esta luz, puede decirnos el Apóstol: En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor; caminad como hijos de la luz.

Es preciso predicar este nombre para que resplandezca y no quede oculto. Pero no debe ser predicado con el corazón impuro o la boca manchada, sino que hay que guardarlo y exponerlo en un vaso elegido.

Por esto dice el Señor, refiriéndose al Apóstol: Ese hombre es un vaso elegido por mí para dar a conocer mi nombre a pueblos, reyes, y a los israelitas. Un vaso –dice–elegido por mí, como aquellos vasos elegidos en que se expone a la venta una bebida de agradable sabor, para que el brillo y esplendor del recipiente invite a beber de ella; para dar a conocer —dice— mi nombre.

Pues igual que con el fuego se limpian los campos, se consumen los hierbajos, las zarzas y las espinas inútiles, e igual también que cuando sale el sol y, disipadas las tinieblas, huyen los ladrones, los atracadores y los que andan errantes por la noche, así también cuando hablaba Pablo a la gente era como el fragor de un trueno, o como un incendio crepitante, o como el sol que de pronto brilla con más claridad, y consumía la incredulidad, lucía la verdad y desaparecía el error como la cera que se derrite en el fuego.

Pablo hablaba del nombre de Jesús en sus cartas, en sus milagros y ejemplos. Alababa y bendecía el nombre de Jesús.

El Apóstol llevaba este nombre, como una luz, a pueblos, reyes y a los israelitas, y con él iluminaba las naciones, proclamando por doquier aquellas palabras: La noche está avanzada, el día se echa encima: dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz. Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad. Mostraba a todos la lámpara que arde y que ilumina sobre el candelero, anunciando en todo lugar a Jesús, y éste crucificado.

Por eso la Iglesia, esposa de Cristo, basándose en su testimonio, salta de júbilo con el Profeta, diciendo: Dios mío, me instruiste desde mi juventud, y hasta hoy relato tus maravillas, es decir, siempre. El Profeta exhorta igualmente en este sentido: Cantad al Señor, bendecid su nombre, proclamad día tras día su salvación, es decir, Jesús, el Salvador que él ha enviado.

Oración al Santísimo Nombre de Jesús

Pidamos a Dios, la gracia del aumento, perseverancia y santidad de las vocaciones, para que el Nombre de Jesús pueda ser conocido en todas las naciones

¡Oh Nombre glorioso, Nombre regalado, Nombre amoroso y santo!

Por ti las culpas se borran, los enemigos huyen vencidos, los enfermos sanan, los atribulados y tentados se robustecen, y se sienten gozosos todos.

Tú eres la honra de los creyentes, Tú el maestro de los predicadores, Tú la fuerza de los que trabajan, Tú el valor de los débiles.

Con el fuego de tu ardor y de tu celo se enardecen los ánimos, crecen los deseos, se obtienen los favores, las almas contemplativas se extasían; por ti todos los bienaventurados del cielo son glorificados.

Haz, dulcísimo Jesús, que también nosotros reinemos con ello por la fuerza de tu santísimo Nombre.

Amén.

(San Bernardino de Siena)