Mensaje del Padre Juan Manuel Rossi, IVE

P.Juan Manuel Rossi, IVE

Decía el Papa Benedicto XVI, al inicio del último año sacerdotal, que “el sacerdocio es el amor del Corazón de Jesús”. La expresión es muy cierta, y tiene mucho más que un valor solamente“poético”. Expresa, en cambio, una realidad muy profunda de nuestra fe. Porque enseña san Pablo que Jesucristo “amó a la Iglesia y se entregó a Sí mismo por ella para santificarla” (Ef 5, 25). Y si Jesús amó, amó con su corazón, divino y humano; y se entregó desde su corazón.
Y precisamente en la entrega manifestó toda la hondura y la virilidad de su amor. De aquí que podamos considerar el sacrificio de Cristo, que se cumple en la cruz, como la certeza y el signo indeleble de su amor por nosotros. Y por eso el sacerdocio ministerial, que prolonga en el tiempo la presencia del sacrificio una vez cumplido en el Calvario, representa con toda verdad el amor más real del Corazón de Jesús por nosotros, porque manifiesta su amor “entero”, que es el amor que se inmola. Esto hace que el sacerdote, al recibir su vocación y al ser consagrado, sea llamado no solamente a identificarse con Cristo, sino a ser una víctima junto con Él. Porque debe ser un signo y un testigo de ese amor sacrificial de Cristo por la Iglesia. Esto tiene que llenar el alma del sacerdote, porque no puede, al ser signo de Cristo, tener una caridad cualquiera, sino que tiene la obligación de amar enteramente, de amar sacrificialmente, de amar con fortaleza.
Por eso yo les pido a las mujeres que rezan por los religiosos que no solamente pidan vocaciones sino que pidan que las vocaciones tengan esa fuerza para amar a Cristo y a las almas que lleva al sacrificio pleno. Las madres, como dice santo Tomás de Aquino, “aman vehementemente”. Por eso son las principales educadoras de la fortaleza, porque alejan los miedos, infunden confianza y nos llenan de motivos desinteresados para el amor verdadero. De hecho, es justo creer que la Virgen María fue la que enseñó a Jesucristo los aspectos humanos de su amor invencible, así como nuestras madres nos lo han enseñado a nosotros con su ejemplo.
A todas las mujeres les pido que pongan en sus oraciones a cada religioso, como madres de todos, para que en medio de las luchas y los miedos de todos los días, jamás nos arredremos en la lucha por las almas, para amar siempre de modo más convencido y fuerte a Jesucristo, el Rey de los Reyes y el Señor de los Señores.
Padre Juan Manuel del Corazón de Jesús Rossi

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