Santa Teresita

Santa Teresita del Niño Jesús dice: ¡Cuántas veces he pensado que muchas de las gracias extraordinarias con las que Dios me ha colmado, se las debo a algún alma humilde a la que sólo conoceré en el cielo! ¿Qué quiere decir esto? Que Dios nos da muchas gracias y bendiciones, si se las pedimos y no nos las dará, si no se las pedimos. Por eso mismo, es una gracia muy grande de Dios poner en nosotros el deseo de pedir algo que nos conviene. Dice la misma santa Teresita: Dios nunca me ha hecho desear algo que luego no me lo haya concedido (MA folio 71).
No ha querido que tuviese ni un solo deseo sin verlo realizado; no sólo mis deseos de perfección, sino aun aquéllos cuya vanidad yo comprendía sin haberla experimentado
(MA fol 81).

Y es que Dios, como Padre amoroso, siente mucha más necesidad de regalarnos sus dones que nosotros de recibirlos. Pero no quiere darnos muchas cosas en contra de nuestra voluntad. Por eso, pone su deseo en nosotros, como para pedirnos permiso.

Dice santa Teresita que la oración es como una reina que tiene siempre libre entrada en el palacio del Rey, pudiendo obtener todo lo que pide. ¿Nos damos cuenta ahora de cuántas bendiciones se pierden los que no piden ni oran? Por supuesto que la mejor oración es la misa, pues es la misa de Jesús en la que se ofrece al Padre por la salvación del mundo.
Si nos ofrecemos con Jesús en cada eucaristía, todo será más fácil; pues, al estar unidos a Jesús, el Padre nos verá como Jesús.
De ahí que, para que la oración sea más eficaz, deberíamos vivir la eucaristía en todo momento, es decir, hacer de nuestra vida una misa continua, o sea, estar unidos a Jesús en cada momento, de modo que Él y yo seamos uno, mi voluntad sea la suya, y todo lo mío sea suyo. Vivir con Jesús, en Jesús, por Jesús y para Jesús como María.

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