Desde el norte de Europa

norte de europa misionerosAquí en el Norte de Europa necesitamos misioneros más que nunca. Nuestra fe y la Iglesia van de a poco desapareciendo, y lo que desaparece, no es visto tampoco como una pérdida: hoy en día en nuestros países es perfectamente posible para un joven vivir toda una vida sin escuchar realmente nunca de Dios.

Y lo que aún sí habla de Dios, no penetra, porque el significado de las palabras nunca se explica.

Toda una vida sin Dios… y sin ni siquiera darse cuenta de esa ausencia.

 

Misioneros! Sacerdotes! Hermanas! Cuánto puede hacer Dios a través de ellos.

Los hombres buscan a Dios sin cesar, sin saber qué es, quién es a quien buscan. Sólo una ocasión basta para que, a través de un misionero, puedan ver un rayo de fe, y Dios hace después el resto. Una sola  oportunidad y cuántas vidas infinitamente más felices! Cuántas  vidas infinitamente más santas! Cuan infinitamente más santo el mundo! Y sólo necesitamos pedírselo a Él… Puede sonar exagerado, pero es realmente así: ¡nosotros mismos lo hemos experimentado!

Cuando yo escuché del proyecto de las 40 horas, pensé que al menos deberían pasar 10 años antes de que yo pudiera unirme a esas madres. La intención de rezar por las vocaciones y la santidad de los religiosos es una de las más ardientes de nuestro corazón, pero como mamá de 3 niños, de 4,2 y 1 año, es ya tan difícil en un día encontrar 5 minutos de tranquilidad para rezar; ¿cómo podría yo comprometerme en una cadena de oración en un horario determinado?  Seguramente justo en esa hora surgirán cosas que limpiar, pañales que cambiar, preparar la comida…

¡Pero se puede! Mamás en casa, mamás con bebes, mamás con niños pequeños, mamás sin un minuto libre: ¡nosotras podemos! Ofrecemos una hora de nuestro trabajo en casa! Todo nuestro trabajo de madres no nos es impedimento, sino que eso es justamente lo que Dios nos pide en este momento de nuestras vidas, ¿qué mejor que esto podríamos ofrecerle? Encendemos una vela y ofrecemos todo por esta intención, aun cuando estemos durante esa hora dando de comer, cocinando, corriendo atrás de los niños, y no tengamos ningún segundo ni para pensar en esa intención, ya lo hemos hecho TODO: justamente la vida diaria a la que Él mismo nos ha llamado, se la hemos ofrecido y santificado por una intención tan grande. Por la santificación de los sacerdotes y hermanas y por nuevas y santas vocaciones, si Dios lo quiere también nuestros propios hijos. Nos arrodillamos en nuestro corazón con nuestros delantales puestos…. Unidas en la oración!

Stefaan y Carlijn Bekaert

(hijitos Wannes,Kaatje y Soetkin)

 

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