Dios llama a muchos

llorente

P. Segundo Llorente, misionero en Alaska

Cada vez que veo estudiantes rebosando salud; chicos guapísimos con el cabello partido en crenchas muy galanas; jóvenes esbeltos que parecen cincelados por el buril del mismísimo Fidias; al pensar luego que o no son católicos, o si lo son, no aspiran más que a terminar una carrera que les facilite trabajar a la sombra, cobrar un sueldo ramplón, criar media docena de hijos y llegar luego a viejos sentados en alguna butaca con compadres tan canos y calvos como ellos, se me subleva la sangre y me viene tentación de agarrarlos por las solapas y decirles con acento lastimero:
– Pero, hombre, ¿no ves que estás perdiendo la ocasión de poderte cubrir de gloria con tus fatigas, con tus dolores, con tus esfuerzos, con sufrimientos de todo género llevados alegremente por amor de Dios para convertir un sinnúmero de almas que glorifiquen eternamente contigo a Jesucristo?
Nos sobran ya abogados, ingenieros y médicos. Lo que nos hace falta con urgencia son chicos como tú que vayan hoy mismo a los noviciados y marchen luego a conquistar el mundo para Cristo, bien desde la soledad de sus claustros, bien con el fuego de su predicación. Si me dices que Dios no te llama, vete a la iglesia; arrodíllate ante el sagrario; di a la Santísima Virgen que presente ella tu petición a su divino Hijo. Diles que tú quieres ir de voluntario. Veremos luego si te llama Dios o no te llama.
Dios llama a muchos; pero son pocos los que se dan por aludidos. Se excusan con que si la novia, si la madre viuda, si la salud, si me comerán vivo los indios, si el suelo patrio, y en estas excusas se les pasa la juventud. Entre tanto Jesucristo sigue dando toquecitos a otros corazones jóvenes. “Mañana te abriremos –le responden–, para lo mismo responder mañana”.
Total, que lo único de que dispone Dios para convertir a las gentes, son grupitos de almas temblorosas que van a ser la simiente de la gran cosecha venidera»

Quitémonos reverentes el sombrero e inclinémonos ante esas monjas españolas, hermanas nuestras que marchan a conquistar para Dios todo el imperio del sol naciente.

Con cuarenta villorios -de tres y cuatro chozas la mayoría- apartados unos de otros por distancias fenomenales, ¿qué otra cosa puede hacerse sino visitarlos en riesgosísimas excursiones en trineo? Con un promedio de tres visitas anuales a cada aldea se logra en parte que nadie muera sin bautismo, y que los adultos mueran con los sacramentos relativamente recientes y con instrucciones concernientes al acto de contrición y a los principales artículos de la fe

Sin misioneros, el distrito estaría envuelto en nubes espesas de supersticiones, hechicerías, ignorancia y paganismo. Gracias a los misioneros el distrito es oficialmente católico, y se celebra la santa misa en todo é1, y se reciben con devoción los sacramentos; es decir, que plantamos y regamos, confiados en que Dios ha de dar el incremento.

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