Desde Tucumán, Argentina

elena tucumanQueridos todos…

 Soy de Tucumán, Argentina, la provincia más pequeña de mi patria. Desde este “lugar tan lejano del mundo” -como dijera el Santo Padre Francisco al asumir-  realmente me emociona saberme unida con mujeres de todos los rincones y latitudes del planeta! Hermanadas y rezando por las vocaciones. ¡Nada menos! ¡Qué privilegio!

¡Ciertamente!…y casi no nos damos cuenta que es realmente un privilegio contar con un espacio de estas características como son las 40 HORAS, donde el motivo que nos une y acerca, a pesar de las distancias, es tan alto y tan noble.

Para ser sincera les cuento que fue el testimonio de Elena -en este mismo sitio- lo que finalmente me animó a hacer públicos mis propios pensamientos.

Mientras los leía,  acudían a mi memoria –¡y cobraban vida!- escenas muy similares de mi vida familiar pasada. Tiempos aquellos en que los niños eran pequeños -¡todos y tantos!- y parecía que no nos alcanzarían las manos y las fuerzas para sobrevivir un día más; para no bajar los brazos y para seguir encomendándonos a Dios cada día y hablarles de Él a nuestros pequeños… “entre ollas, baños y pañales” como describe Elena y agregaría más, entre llantos y risas, juegos y peleas, tropiezos y aciertos… en un interminable presente hasta que el sueño por fin los rendía y a nosotras nos dejaba unos minutos apenas para disfrutarlos dormidos  y pedirle     -ahora sí “a solas con Dios”- por sus almas, su futuro, su vocación… ¡su Felicidad eterna!

Sabemos que las vocaciones son de Dios, pero qué bien hace ofrecérselos y pedirle al dueño de la mies quiera escoger entre algunos de nuestros hijos. Y así lo hacíamos… como quien iba abonando el terreno donde pudieran germinar aquellas semillas por Él mismo sembradas.

Creo que este espacio hoy cobra más fuerza que nunca pues ahora es tanto más difícil para toda mujer –¡heroico! diría yo- llevar adelante la maternidad generosa -de cuerpo o alma según Dios lo quiera- frente a un mundo que la combate y ultraja  de ensañada manera. Y cobra más fuerza porque nos permite rezar en cadena. ¡Unidas!¡Fortalecidas! Ligadas por esa fuerza tan poderosa e indestructible como es la oración.

A mi me gusta ayudarme con imágenes para fortalecer una idea y por eso mismo no me costaría creer que fue el poder de la oración quien inspirara y despertara la fantasía del escritor inglés J.R.R. Tolkien para revestir al más débil de los habitantes de La Comarca con aquella indestructible cota de malla de mithril y convertirlo en el ser más resistente. Fue así que el más débil resistió a todo y a todos y pudo realizar un acto de grandeza que salvó a la Tierra Media.

 ¡Cuánta mayor fortaleza alcanzaremos nosotras  que tenemos la certeza  en  aquellas palabras de Cristo cuando dice: “…les aseguro que si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra  para pedir algo, mi padre que está en el cielo se los concederá”. (Mt 18; 19). De ahí la importancia de anotarnos y sumarnos en esta grilla de nombres, lugares y horarios que tantas veces se nos presenta incómodo y dificultoso pues al momento mismo de inscribirnos, deja de ser una mera cuadrícula para convertirse en nuestra propia e indestructible cota de malla. Y no sólo para nosotras sino también y fundamentalmente para nuestros hijos, sobrinos, hermanos, amigos o conocidos ya consagrados. ¡Si el mismísimo Moisés necesitó que Aarón y Hur sostuvieran sus brazos para que Israel triunfara en la batalla, porque sus fuerzas físicas decaían, tanto igual debemos hacer nosotras por nuestros sacerdotes y religiosas! ¿No les parece?

¡Unidas cada mes y en cada Eucaristía!

Isabel de Berarducci

 

 

 

 

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