Carta del Cardenal Millot

El cardenal Millot, trae una carta de la madre de un sacerdote francés el día después de su ordenación dirigida a una amiga de la infancia.
«Amiga querida, bendice conmigo al buen Dios, soy la madre de un Sacerdote!
Hace 25 años te escribí, cuando el niño me había sido dado. Recuerdo que estaba loca por la gran alegría! lo sentía vivir al lado mío, tendía la mano hacia él lo tocaba en la cuna como para asegurarme de poseerlo realmente.
Ah cuanta diferencia entre aquellas alegrías y estas de hoy que inflaman mi alma y la llenan de un nuevo sentimiento! Hoy soy la madre de un Sacerdote! Aquellas manitos que yo besaba con tanto amor 25 años atrás, esas manos son consagradas, esos dedos tocan a Dios! Aquella inteligencia que de mí ha recibido la luz y que yo he orientado, se ha agigantado y se ha impregnado toda de verdad, ha sobrepasado la mía con el estudio y la gracia y ahora hela aquí consagrada. Aquel cuerpo que yo había cuidado y protegido que me ha hecho pasar tantas noches en lagrimas cuando las enfermedades me lo disputaban, aquel cuerpo ahora se ha hecho grande, robusto helo aquí consagrado!
Que decirte de la ceremonia de ayer? Estaba allí pero no veía mas que al él, él que se arrodillaba, se ponía en pie, se postraba, se alzaba.
Y esta mañana dijo su segunda misa en la capilla de un humilde convento. Cuando se habla del gozo del cielo no se debe decir otra cosa que: es el gozo de una madre que ve a Dios descender a la voz del hijo hacia ella y que se pierde en una adoración tan profunda que se olvida el mundo, la vida, el pasado y nada ni nadie puede tocarla mas que Dios y su hijo.
Yo estaba al lado del altar, no me movía, mis sentidos parecían suspendidos, no rezaba era como poseída de un éxtasis suave, el éxtasis de una madre cristiana. Decía solo «gracias Dios mío,gracias». Aquel sacerdote era mío, yo lo he plasmado, su alma fue iluminada por la mía, ahora no es mas mío, es solo vuestro! conservalo y preservalo de la mas pequeña sombra de mal. Dios Mio te amo, y lo amo, lo respeto, lo venero, es un Sacerdote vuestro.
Al momento de la comunión tomó el copón y vino hacia mi: mi hijo me traía a Dios. que momento! que union! Dios, el sacerdote y yo! He rezado? no lo se! Una paz que no había sentido nunca me envolvía toda y explote en llanto, lloraba de amor y de reconocimiento decía: Dios mío, Hijo mío!
Sì, para una mamá esto es rezar… soy demasiado feliz, nunca me lamentaré! He tenido días muy hermosos en mi vida, pero este fue el mas hermoso porque los pensamientos de la tierra no tuvieron ni la mas mínima parte.
A Dios, no puedo escribir mas! las lagrimas que caen en esta hoja son lagrimas de alegría!

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